viernes, 29 de diciembre de 2017

Relato juevero y 52 días de reto

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Hoy aprovecho la consigna de la semana de jueveros y el del reto para hacer una sola entrada. Esta semana toca el último relato juevero del año y Molí nos invita a que los animales sean los protagonistas y contemos el relato a través de su forma de ver el mundo ¡y como iba a faltar! Si soy mascotera a más no poder +0+. Los invito a leer a los compañeros y su visión de mundo por aquí.

Además, yo me he sumado el extra del Reto de Literup.

Día cincuenta: Escribe un relato sobre la amistad entre un hombre y un animal.



Son pequeñitos, están ahí en el rincón ¡santa madre de la papaya! Van al panda. Ah, no, no voy a dejar que lo toquen. Lo agarro de la oreja y me lo llevo. El panda está a salvo ¡pero el zorro no! De nuevo, lo agarro de la oreja y lo llevo, pero éste es más pesado que el panda. ¡Me olvidé la cartuchera y el palo! ¡Y la vaquita!

Listo, todo está en este rincón, aquí nadie va a poder venir a sacarme nada ¡Jah, les gane, pequeñas larvas! Les digo irguiéndome y parando las orejas, pero… eso no ha sido un impedimento para ellos ¡Vienen todos por mi ahora!

Oh, Dios, oh, Dios, oh, Dios ¿Qué hago ahora? Son cuatro y yo uno. Les ladro, los asusto. He levantado una pata y la he golpeado contra el suelo. Seguro que entienden eso y se van, pero les voy a seguir ladrando por las dudas.

—Ulises, dormite de una buen vez —me dice ella sacando la mano de la cama y acariciándome la cabeza ¡Para vos es fácil decirlo! ¡Tus cosas no son las que están en peligro! Ay, no ¡El delfín! El delfín, no, no. Corro y ladro hasta llegar con esa pequeña rata y forcejear con él. Lo tiene de la cola, yo lo agarro de la nariz. Es mi-o-o-o digo en un gruñido hasta que él lo suelta y yo salgo rodando hacia atrás por el impulso. Me sacudo la cabeza y lo veo ¡Mi delfín! Mi primer mordillo, no voy a darlo a cualquiera.

Sigo ladrando que están ahí al acecho esperando a robarme mis preciados tesoros, todo lo que conseguí yo solito. Solito.

—Ulises, basta o te vas de patitas a la calle —la miró parando las orejas ¡Si es su culpa! Ellos están ahí atacándome y mirándome feo como huraños piratas. Mira ese, ni si quiera perfil tiene ¡No es normal eso!— volvés a ladrar y vas afuera. Es hora de dormir. Dor-mi-te —me pone la manta encima y apaga la luz.

Me acuesto sobre el panda y abrazo el delfín, si, debería dormir. Tengo sueño. Bostezo y me acomodo cerrando los ojos y cuando creo que puedo descansar ¡Escucho sus pasitos! Así, con manta y todo salgo corriendo a perseguirlos y ladrarles. Es cuando ella se levanta y cierra la puerta de la habitación. Chau, me dice y yo quedo ahí llorando ¡Me dejó fuera! ¡Fuera! Auu. Estoy un poco ronco, es de tanto ladrar seguro.

A los minutos, vuelve a abrir la puerta.

—Y te dormís o vas directo al jardín.

Entro entusiasta, le muevo la cola y salto a la cama. Se ha reído, así que creo que ya estamos en paz. Bajo al panda y me acuesto, me tapa y me quedo quieto. Aunque de todas formas, es tu culpa, estábamos bien solos ¿para que necesitas tantos perros? Conmigo alcanza y sobra.

Es hora de dormir, si.  Acomodo la cabeza en el delfín y veo la ojota que se va yendo por debajo de la cama ¡Ladrón! ¡Ladrón! Supongo que no podré dormir. ¡No te preocupes que allá voy! Esto no va a parar hasta que se vayan.





Este es el atorrante protagonista del relato. No sé si alguien durmió esa noche (?). Es un cachorro de seis meses que tiene la energía de la vida encima. Hará poco que tengo cuatro cachorritos, que ya a fines de enero empezaré a buscarles hogar, que apenas están empezando a andar y ponen de los nervios al petiso. A Ulises no le simpatizan en lo más mínimo y verlos cerca de la habitación es cosa de que haga el escándalo del día ¡Y si tocan sus cosas, peor! Aunque ya está un poquitín más acostumbrado y al menos, descansa de noche -aunque los tiene cortitos si llegan a entrar a la habitación o tocar sus juguetes, eso no se lo quita nadie-. Que tiene varios peluches que es donde duerme, junto con la basura que va recolectando por ahí, que tiene un palo, una piedra y una cartuchera llena de lapiceras viejas, porque le gusta masticar esas cosas. Juguetes, nada, que es al vicio comprarle cosas que se entretiene más con lo que encuentra.

Espero les haya gustado <3

  ¡Un abrazo!
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jueves, 28 de diciembre de 2017

52 días de reto: día cuarenta y nueve

¡Hola a todos, mis amores! ¿Cómo están? Sigo con esto de hacer dos entradas en un día. ¡Ya me falta tan poquito! Y hoy toca reto con una festividad regional. ¿Qué puedo decirles? En mi provincia se celebra a la comida y a los animales a lo loco, que hay fiesta del caballo, de la lechuga, del limón, la frutilla, entre tantas otras cosas, que les digo, honramos la comida como se merece(?). Yo elegí la fiesta del queso, una de mis favoritas <3

Día cuarenta y nueve: Crea una ficción a partir de una fiesta o celebración propia de tu municipio/ciudad/país.


Hallé la muerte en un gruyer

La fiesta del queso es una celebración típica de Tucumán. Me habían contado muchas veces sobre esta peculiar celebración ¡tan locos estamos que celebramos hasta el queso! Fue lo primero que pensé cuando me contaron que existía dicha festividad y mucho más, cuando me contaron que duraba cuatro días ¡cuál fiesta gitana! Lo mejor fue encontrarme con el Queso de oro, premio al que todo productor de queso regional aspira a ganar. Con lo hilarante que sonaba todo eso ¿No iba a ver de qué se trataba? Debería no haberlo hecho y seguir en plan jocoso como hasta ahora que me habría ahorrado problemas y no habría visto de cara al diablo en frente de los gruyer —que por cierto, no ganaron el Queso de oro y se lo merecían en verdad, fue de los mejores, pero hubo un tema del color que ni si quiera entendí. Se lo llevó un fontina que no estaba tan bueno en realidad. Pero qué sé yo de quesos. ¡Oh, sí! Puedo decirles que están lejos de ser lo ideal para el lecho de muerte —.

Ahí estaba yo, tendido sobre el gruyer mientras Jorge Rojas cantaba que quería pasar la noche entera bailando saya con su negra y unos gauchos bailaban al compás con la Donosa de la fiesta del queso del año anterior y la elegida este año.

Pero retrocedamos un poco ¿cómo llegué a estar agonizando sobre el gruyer? Tiene que ver con algo que pasó hace mucho tiempo. En realidad, antes de ser este estupendo personaje que hoy ven aquí —al menos, antes de mi muerte, claro—, era un barquero. Seguro han escuchado el mito de Caronte, pues, es sólo un mito. En realidad, hay cientos de seres etéreos como yo que nos encargamos de llevar a las almas al otro mundo y no, no van en barcos ¿son almas? ¿Por qué deben ir en barcos como si fueran personas que pueden ahogarse? Debo decirles a los escritores que fue una idea de lo más ridícula y que siguen explotando. Vergüenza debería dar. Pero a eso no iba precisamente. Nos quedó el nombre de barqueros gracias a los humanos, en realidad, no teníamos un nombre para designarnos grupalmente, sólo los nuestros propios. Mi nombre es Bachi y modestia aparte, soy el mejor barquero que haya existido nunca. Puntual, impecable y con una gran labia para hacer tu viaje al otro mundo mucho más placentero y saldar todas tus dudas al morir, que no digas que no, las tienes y las vas a tener cuando te mueras. Te lo aseguro.

Sin embargo, a pesar de todo este glamour que escuchas, es terriblemente aburrido y monótono. Imagínate tener que andar por el mismo camino no una ni dos, sino, cientos y cientos de veces al día y escuchar las mismas preguntas y hacer exactamente lo mismo cada día de tu horrible y eterna vida. ¡Exactamente! Te pegas un tiro antes de terminar la semana. Es A-bu-rri-do y a más no poder. Pero mi intención no era acabar con mi vida, sino, empezarla realmente.

El mundo humano es de lo más pintoresco y es de donde más almas nos llegaban a diario. Sí, hay otros mundos, pero como te dije antes, esta historia es sobre mí. Podrás preguntarle sobre esos mundos cuando te vengan a buscar. Bueno ¿en qué estaba? Sí. Me aburría. Así que vine a vivir justo aquí, a la tierra.

 Conseguí lo que llaman empleo. Es algo parecido a lo que hacía antes, sólo existen un par de cosas que son una maravilla aquí: paga y vacaciones. Sin más, podría hacer esto toda la vida. No debo preocuparme de trabajar siempre y me pagan por hacerlo ¡Jamás recibí una mísera moneda antes! ¿Saben lo que es romperse el alma sin un solo beneficio? Bueno, pues yo sí ¡Ah, pero ya no más, señores! No, no, de aquí no me mueve nadie.

Entre todas las cosas pintorescas que encontré, fui forjando mi vida. Mi casa, amigos, hasta tiempo para salir a divertirme, venerar al dios dinero y a su peculiar grupo de dioses. Encima, por categoría, que fue para elegirlos de todos los colores, formas y hasta amorfos, que escuché ese del que está en todos lados también o del que tiene ocho brazos ¡Qué imaginación! Y hay muchos que las plasman en libros. Una genialidad, he conseguido una biblioteca entera para mí mismo y no puedo decir lo dichoso que me siento al leer y al conocer tanto de la mente de esas personas a través de su inmensa posibilidad de crear. Crean mundos, dioses, demonios, personas tan reales que parecen tangibles. No podía sentirme más feliz de haber venido a la tierra.

Y me encontré con la fiesta. Había oído de la fiesta de la viña y no fui porque me pareció ridículo honrar la viña. Pero a las personas parecía divertirles, como si no tuvieran los suficientes entes que venerar, suman los alimentos. Y me animé a ir a la próxima pensando que si iba a vivir como humano, debía aprender a disfrutar de todo, hasta de lo más ridículo como de lo más sofisticado. Y me debí haber quedado con las ganas.

Disfruté mucho la música, hubo bandas de todo tipo, muy joviales y alegres. La elección de la Donosa fue encantadora ¿quién iba a pensar que se podía encontrar tanta belleza y alegría en un solo lugar? ¡Y los quesos! Fueron la mejor y la peor parte. Fue cuando estaba en la zona del roquefort que lo vi: Kim, un viejo conocido de mis tiempos de barquero estaba ahí ¡y me traía noticias! No buenas, ni mucho menos: habían mandado a buscarme y a castigarme por desertar a mi labor. Lo mejor era huir y mantenerme de perfil bajo por un tiempo.

Nos separamos, quería marcharme y empezar de nuevo en otro lugar, uno más perdido que Tucumán, cosa de que no lograran encontrarme. Pero no fue así, no llegué más lejos que el gruyer cuando la daga hecha de hierro de una estrella bañada en polvo cósmico me atravesó. Sí, esa es la única forma de matar a un barquero. Es un método un poco rebuscado precisamente, porque los desertores no suelen ser tantos. Salvo yo, que si lo hubiese sabido antes, podría haberme  cuidado un poco más de todo.

Pero aquí me ven, agonizando sobre los quesos y creo que hay una onza cortada que me está molestando en la espina. Si pudiera moverme…

Desaparecieron, ni si quieran iban a esforzarse en esconder mi cadáver, pues, apenas exhalara mi último halito de vida, me extinguiría como si nunca hubiese existido ¡menuda existencia! Apenas si había empezado a disfrutar de mi vida.

Cerré los ojos adolorido, ya había visto mi mano disolverse cuando o hice y no quería presenciar mi muerte. Pero aunque la esperé, no sucedió. Alguien me besó y me incrustó algo en el pecho. Fue todo.

Apenas pude ponerme en pie, la vi alejarse, contoneando las caderas con una melena roja que ondeaba al viento: me había salvado y de esa experiencia aterradora, sólo quedaba una mancha en mi camisa y el olor del gruyer impregnado en la misma.

Me levanté y me fui. Escuché que en otro país se celebra a las caricaturas y comics, así que voy a ir a ver, con mis precauciones, claro. Aunque ya morí en ese gruyer. Nadie tiene que enterarse de mi reciente resurrección, así que ¡Comic-con, allá voy!





Para los que no conozcan a Jorge Rojas o quieran escuchar la canción, es esta. Una bella canción <3 con un ritmo alegre que contagia e invita a bailar. Me encantaba cuando estaba en Los nocheros y como solista, la verdad es que no se desenvuelve nada, pero nada mal, así que los invito a escucharlo.

 
¡Un abrazo!
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52 días de reto: día cuarenta y ocho

¡Hola a todos, mis queridos soñadores! ¿Qué tal están? ¿Cómo la llevan estos últims días del año? Que ya no queda absolutamente nada para que finalice >.< ¿Ya hicieron sus propósitos para el nuevo año? Que yo tengo los míos, pero a saber cuándo los cumplo, que metas en la vida es una de las pocas cosas que siempre me sobra XDy los kilos, no nos olvidemos de eso (?) .

Ya me faltan exactamente cuatro días para terminar el reto ¡Qué sí llego! O que al menos lo intento, que estoy tan emocionada de terminarlo casi cuando se termina el año que subo todo de golpe XD

Día cuarenta y ocho: Describe los pensamientos y sensaciones de un personaje que está en coma.





Sensaciones que percibo

Otra vez Ricardo de los Valles Altos discute con Natalia Sinpan de que su amor es imposible y debe quedarse con Elena Diplata. Todos los días es lo mismo. Que gritan un poco, que se llaman por el nombre completo. Luego llegaba Pepe Hongos, el chico de barrio que estaba locamente enamorado de Natalia Sinpan, pero que no le correspondía.

—¿No hay nadie que pueda cambiar de canal? —Hace tiempo que no puedo abrir los ojos, que no puedo moverme. Siento mi cuerpo entumecido, pero aun escucho. Escucho las conversaciones de mis hijos cuando vienen a visitarme, aunque ya no es tan seguido como antes. Supongo que el que no pueda recibirlos es algo que los aburre ¡Ah! Si supieran cuanto me aburre a mí escuchar a Pepita, la de la esquina, que cuenta todo el chimento de la manzana.

Los médicos no son más esperanzadores que las novelas que sintonizan. A veces, dudan de si voy a despertar, de si voy a volver a abrir los ojos. Hace poco escuché a una enfermera hablar sobre lo triste que era morir así. ¿Quién se está muriendo, eh? Que no puedo moverme, pero sé a la perfección lo que pasa a mí alrededor. Bueno, en mi metro cuadrado ¡pero que lo sé, eh! 

Morirse.

Estupideces.

Ya quisiera verlas a ellas en mi situación, a ver si les gustaría escuchar a alguien hablar así.

Aunque ya ni sé qué día es o cuánto tiempo ha pasado desde que estoy aquí. Al principio, fue mucho más… oscuro todo. No entendía nada, como si estuviera en una caja de vidrio a prueba de ruidos. Poco a poco esa barrera se rompió y llegaron los sonidos hasta a mí, al punto que lo único que puedo decir desde que estoy aquí es que nunca he disfrutado tanto las conversaciones ajenas como ahora. Agradezco quien haya puesto el televisor, pero estoy ansiosa por cambiar de canal a uno más interesante. Me gustaría algo de música, cualquiera, con algo que me mueva el espíritu a lo mejor, podría encontrar el impulso para salir de esto.

Hace frío, no sé quién ha dicho que hacía calor que han bajado el aire acondicionado. Alguien entra a la habitación, ojalá pudiera decirles algo para que se den cuenta de que tengo frío ¡y mucho! Miren mis vellos, seguramente, pueden ver mi brazo, tengo la piel de gallina. A ver ¿por qué nadie se fija en ello?

Escucho un gimoteo y la puerta cerrándose. Es mi hija que llora sosteniendo mi mano. Ay, cariño ¿qué es lo que te ha sucedido ahora? Quisiera poder abrazarte y que me cuentes todo como antes. Voy a despertar, te lo prometo.

La puerta se vuelve a abrir y hace una pregunta que me hiela la sangre, más que el frío del ambiente, más que todo el tiempo que he estado postrada aquí. 

Hagas lo que hagas, por lo que más quieras, voy a despertar. Voy a hacerlo. Yo…

Puedo verme al lado de la cama… puedo verme intubada y llena de cables. Diez años sin ver nada para que este sea mi primer y último recuerdo al acompañar a la parca.






Y hasta aquí llega el reto. Espero lo hayan disfrutado.

¡Un abrazo!

 
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